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Alomar, Blyleven y Gillick, al Salón de la Fama

Publicado Jueves, Julio 28, 2011

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NSN.- El puertorriqueño Roberto Alomar, el lanzador holandés Bert Blyleven y el ejecutivo Pat Gillick, ingresaron el domingo pasado al Salón de la Fama, en el béisbol de las Grandes Ligas, durante una emotiva ceremonia llevada a cabo al aire libre, en los jardines del llamado “recinto sagrado” en Cooperstown, en el centro del estado de New York.

Tal vez hasta unos años después, los periodistas y aficionados se dieron cuenta que Roberto Alomar se convertiría en uno de los inmortales del pasatiempo nacional, pero él lo demostró en su mismo primer turno al bate en 1988, cuando conectó su primer hit a Nolan Ryan, el “ponchador” que más tarde ingresaría también al Salón de la Fama, y la trayectoria de Alomar alrededor de la segunda base siguió subiendo hasta su retiro, dejando números extraordinarios mientras jugaba para siete clubes: .300 como promedio, 2,724 hits, 10 Guantes de Oro y 12 apariciones en Juegos de Estrellas.

El nativo de Salinas, Puerto Rico, firmó su primer contrato con los Padres de San Diego, luego llegó a Toronto con Joe Carter, a cambio de Tony Fernández y Fred McGriff, convirtiéndose en dos piezas claves para que Toronto ganara dos campeonatos, por eso un puñado de canadienses viajaron a Cooperstown para ver a Alomar, quien en español dijo “me siento orgulloso de ser puertorriqueño. Siempre jugué por mi isla, por mi bandera y por todos los latinos. En este día me siento más que orgulloso por estar al lado de dos leyendas que le dieron tanto a este país”, dijo Alomar, al sumarse al inolvidable Roberto Clemente y Orlando Cepeda”, quien estuvo presente en la ceremonia.

Los agradecimientos de Alomar fueron para su hermana Sandia: “Por cuidar a nuestra madre cuando todos nos íbamos a jugar en Estados Unidos”. A su hermano Sandy: “No pudimos ganar juntos un campeonato (pero) en mi corazón tú eres un Salón de la Fama”. A su madre María: “Si estoy aquí, es por ti”. A su padre Santos: “Me lo enseñó todo. Para mí, el mejor segunda base”.

Blyleven, quien ganó 287 juegos y lanzó 60 blanqueadas en una carrera de 22 años, se convirtió en el primer jugador nacido en Holanda que es inmortalizado, y su dedicatoria fue para su fallecido padre y a su madre de 85 años. “Ojalá pudiese estar aquí, mamá, él debe estar viendo desde el cielo ahora mismo”, dijo Blayleven.

Gillick, quien ganó dos campeonatos con Toronto, también fue el manager general del equipo Philadelphia que se consagró en la Serie Mundial del 2008, y al evocar sus primeros pasos como ejecutivo, mencionó un viaje que hizo a República Dominicana en 1968 en busca de talento: “No me fue bien, pero encontré a mi esposa Doris”, indicó.

 
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