This website is accessible to all versions of every browser. However, you are seeing this message because your browser does not support basic Web standards, and does not properly display the site's design details. Please consider upgrading to a more modern browser. (Learn More).
Publicado Viernes, Octubre 2, 2009
E-mail this page
Printer-friendly page

Silvia Méndez/NSN.- Crecer en un país y en una época de hostilidad militar, le dieron al padre José Landaverde, la endereza para luchar por las causas sociales, siendo hoy en día, uno de los religiosos con mayor empuje en el abanderamiento de la lucha contra la discriminación de la comunidad inmigrante.
Originario de El Salvador, tuvo que enfrentar desde niño la dureza de la guerra civil, perdiendo ambos padres a los 9 años, edad en que comenzó a ser inmigrante en su propio país, buscando su liberación social de un lugar a otro.
“Fueron tiempos muy difíciles, ya que en esa época mi país vivía una situación difícil por la guerra civil y mucha gente murió buscando la liberación”, comenta Landaverde para Nuevo Siglo, quien también vivió los horrores de la tortura a los 17 años cuando fue detenido por el ejercito.
“Casi pierdo la vida por la golpiza que me dieron, sin embargo, con la ayuda de grupos de luteranos y jesuitas pude salir del país a través del programa de asilo político para los que eran victima de tortura de la guerra en Centroamérica y así llegue a los Estados Unidos en 1990, recibiendo el apoyo de instancias como ‘Su Casa Catholic Workers’, que asistían a las victimas de tortura y ofrecían tratamiento”, sostuvo.
A pesar de no haber tenido como ideal propio en la lucha social, el haber vivido la crudeza de la guerra civil y convivir con las personas que lo adoptaron, Landaverde se fue creando una conciencia sobre la vivencia, más que ideológica, conociendo a base de “golpes” la ideología de los diferentes grupos que luchaban por la liberación del campesino, así como el mismo lo dice “naturalmente pase a ser parte de ese movimiento”.
Contrario a la naturaleza del inmigrante, llega a los Estados Unidos, sin querer realmente venir, ya que la necesidad no era buscar una vida mejor económicamente hablando, sino la necesidad era literalmente de sobrevivir, “antes de llegar a Chicago, yo ya tenia la conciencia del activismo, de solidarizarme con los demás, porque yo vine a este país sin querer venir, yo nunca quise venir, yo no vine con la mentalidad que tienen otras personas, de buscar una mejor vida, o buscando dinero, yo vine porque me toco venir”.
Así, se concentró más en la preparación académica y en la lucha social en vez del campo económico y a los 5 días de llegar a “Su Casa Workers”, ya estaba participando en una protesta contra el Consulado de El Salvador, “me enfoque a estudiar ingles, mi primer escuela fue Casa Aztlán, luego fui a la Universidad de Illinois, después me fui al colegio en Iowa, al regresar comencé a trabajar con organizaciones como la Coalición de los Desamparados”.
El padre José Landaverde se enfocó principalmente en actividades como derechos laborales y de vivienda, mientras estudiaba su maestría en estudios pastorales y después logro la maestría en Divinidad en la Universidad Northwestern, logrando su doctorado en un Seminario Episcopal.
Se ordenó bajo la iglesia ortodoxa anglicana, donde asegura que ha estado trabajando al 100% realizando actividades sociales, pero fue hasta el 2004, cuando empieza a discernir más profundamente con la iglesia ortodoxa, “me incliné con la iglesia ortodoxa porque trabajaban en áreas en las que yo estaba interesado y preocupado entre ellas la situación de los inmigrantes, la situación de la violencia doméstica y en busca de una iglesia más incluyente”.
En 1998, es parte del grupo fundador “Latino Task Force”, en colaboración con la Coalición de los Desamparados, que eran organizaciones que trabajaban en crear vivienda y ofrecer justicia.
Así también, fue parte de la creación de otras organizaciones, como la Unión Latina, donde eran sólo mujeres y empezaron a trabajar con 300 dólares y un celular, según recordó.
“La Unión comenzó a tener fuerza y se pudo crear la Red Nacional de Jornaleros, donde pasamos leyes a nivel estado y ordenanzas en la ciudad en favor de los jornaleros, en esa época pasamos tres leyes que fueron importantes para los jornaleros que más tarde se convirtió en el ‘Workers Camp’, dando mayores garantías para los jornaleros”.
Luego de un tiempo dejo un poco la Unión Latina y se concentró en las cuestiones migratorias y buscó la manera de poder ayudar a la comunidad inmigrante creándose en el 2006, la “Misión de Nuestra Señora de Guadalupe”.
“Como en todo proyecto, los inicios suelen ser difíciles, en la Misión no contábamos con presupuesto y tuve que utilizar parte de mi préstamo del gobierno federal como estudiante para comenzar, sin embargo, se realizó la inauguración, luego de arduo trabajo para edificar la pequeña oficina en la calle Harding”.
“En la Misión, -continúo- se tienen 4 aspectos importantes que apoyar en la comunidad, la pobreza, violencia domestica, los inmigrantes no cuentan con documentos de legal estancia en el país y la escasez de comida para las familias de escasos recursos”.
Parte del trabajo de la Misión ha sido visitar las cárceles, ya que hay un alto índice de mujeres que tienen a sus maridos en las cárceles y con peligro de ser deportados, para los cuales se aboga con la finalidad de reunificar las familias, apelando por el lado humanitario resultando muchos casos con éxito.
“La labor comunitaria se realiza dentro del barrio (3442 W. 26th) realizando clínicas legales con el tema de inmigración, los martes y jueves, mientras que los sábados se ofrece ayuda medica con unidades móviles proporcionada por los médicos que apoyan a La Misión”.
Mas allá de éste loable apoyo dentro de la misión, el padre Landaverde ha participado en las marchas en pro de la legalización de los inmigrantes, “este tipo de manifestaciones publicas ayudan bastante, sin embargo, el movimiento se ha debilitado, ya que los ‘actores’ principales se han inclinado por las cuestiones políticas y personales y no por los intereses de la comunidad”.
Calificó de difícil la situación y aseguró que a pesar de que no habrá una reforma este año, sí existe la esperanza de que por lo menos se detenga de inmediato el programa E-Verify, el moratorio de parar las deportaciones y redadas y que la policía no intervenga en cuestiones de inmigración.
“Se ha tenido espacios muy pequeños y se están viviendo momento de crisis, lo que ha impedido ver resultados concretos y buenos para nuestra gente, no obstante, es precisamente la unión de nuestra gente la que logrará un cambio y no exactamente el presidente Obama o las legislaturas”, explicó.
Landaverde, sostuvo que una propuesta no sale precisamente del senador, del representante o del mismo Obama, sino de la gente que realiza la propuesta a base del cabildeo y los funcionarios electos son solo una vía.
Hay mucho por hacer, las marchas son muy importantes porque a través de ellas se les hace llegar el mensaje a los funcionarios, como en la más reciente, quedo claro el mensaje “si no hay reforma, no hay reelección”, puntualizó.
El padre José Landaverde enfatizó que sus proyectos tanto personales como de activismo van de la mano, en los primeros, señaló que confía en seguir estudiando para conseguir su PHD en ministerio y estudiar Filosofía en la Universidad de Drew de Priston, con referente a la religión y procrear su familia (la iglesia anglicana permite el casamiento de los sacerdotes).
También dijo que continuará con la lucha social en pro de la comunidad inmigrante “quiero ofrecer acompañamiento para los pobres y en contra del cambio, para que seamos más sensibles con los demás, ya que de esa forma seremos un puente para luchar por los que más sufren con las deportaciones”, concluyó.
Comentarios?
Comunícate con el Editor.
Promueve
tu imagen
Promueve tu imagen con El Nuevo Siglo de Chicago.