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Teresita Marsal-Ávila, una abogada con vocación de servicio

Publicado Viernes, Abril 16, 2010

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NSN.- Esta abogada de La Villita que tuvo una infancia feliz aunque salpicada por el totalitarismo comunista no tiene más que aceptar que aun en los Estados Unidos, “la justicia es cara” y lo dice, no fácilmente sino con un lamento para advertir a la comunidad inmigrante en general que debe cuidar su dinero, saber a quién le paga para defender o exponer su caso.

Ante el inseguro futuro sobre una nueva ley de inmigración, esta prestigiosa abogada con una oficina en la esquina de las calles 25 y Drake, nos dice que los inmigrantes indocumentados deben ahorrar dinero y evitar cualquier peligro que los haga cometer un crimen que, a la postre impedirá que legalicen su estatus migratorio con las leyes actuales o con las leyes que vayan a ser aprobadas.

Teresita Marsal-Ávila se esfuerza por darnos su opinión sobre si habrá este año una nueva ley de inmigración, pero opta por reconocer que no sabe, como igual lo ignoran los miles de abogados de inmigración que hay en todos el país.

Nacida a un año de que Fidel Castro llegara al poder, sus padres se vieron forzados a salir de Cuba con su familia en 1971 rumbo a España, no sin antes su hija se hubiese tenido que exponer a los insultos en su escuela “nos llamaban gusanos, escoria, basura”, no obstante “y porque era muy inteligente escribía las mejores poesías que hablaban bien del régimen”. Después de varios años en España “donde por ser católica y anticomunista, no padecimos la dictadura del general Franco”.

Ya en los Estados Unidos, con su título de abogada, empezó a trabajar en la Organización de las Naciones Unidas donde conoció a grandes personalidades como Ronald Reagan, Corazón Aquino, a Javier Pérez de Cuellar, pero se dio cuenta que allí “no podía ascender, que no iba a nada” en parte porque nadie se iba, no había vacantes en los puestos más altos.

Ya en Chicago, después de trabajar para una firma de abogados, se independizó poniendo una oficina muy pequeña en el centro de Chicago y cuenta como “el edificio de la Avenida La Salle era muy bonito, pero llegaba, me sentaba y a esperar a que el teléfono sonara y no sonaba” detalle que cuenta con una amplia sonrisa. Agradece el hecho de que ante las circunstancias de gran necesidad, en el periódico “La Raza” y otros medios le ofrecían publicidad a cambio de que les arreglara un divorcio, una demanda u otro caso, aún eso no le era suficiente para mantenerse en el centro.

Al ser empleada por una firma de abogados de inmigración en la Calle 26, inició su carrera de lleno en casos de inmigración, allí 17 años fueron más que suficientes para poner su propia “oficina de inmigración y en un edificio propio” donde hoy provee servicio a cientos de personas con los que cultiva una relación profesional y respetuosa; sin prometerles lo que sabe que no se podrá hacer, sin indicarles que lo que es difícil serán tan fácil como tan grande sea la cantidad de dólares que le darán.
“Hay abogados de inmigración que dicen que “tu caso lo voy a poner mas adelante de otras fechas pero eso te cuesta 3 mil dólares”, lo cual, Teresita nos dice que no existe, ningún abogado o abogada puede ‘adelantar las fechas’”.

Lamenta también que otros prometan “arreglar por el tiempo”, otro atractivo para cobrar más, no obstante, el tiempo no siempre ayuda. Si la persona es indocumentada o entró ilegalmente tendría que reconocer esa violación por lo cual no le ayudaría casi en nada el que el patrón lo pidiera, porque, para arreglar, tendría que regresar y esperarse probablemente hasta 10 años “En esos casos es mejor para el patrón, más fácil traer a alguien que nunca ha estado aquí, porque esa persona nunca estaría indocumentada en los Estados Unidos”.

La condición legislativa del 245i, tan citada en la década pasada todavía puede ser de servicio para miles de inmigrantes que están ilegalmente desde antes del año 2001. “Todas las peticiones que se hicieron antes del 2001 sirven parta amparar a la persona. Eso quiere decir que, supongamos que un hermano que es ciudadano me hizo una petición en el año 2000 me faltan todavía como cinco años para arreglar, pero la petición de las 245i, no la tengo que utilizar a través de mi hermano. Si esa persona se casa con un ciudadano americano o con un residente o si su hijo cumple 21 años, entonces mi hijo hace una petición porque yo todavía estoy amparada por la 245i, que todavía hoy se puede utilizar”.

¿Qué consejo da Usted al padre de familia indocumentado que tienen hijos nacidos aquí? “Primero, tienen que esperar a que ellos cumplan 21 años y si nunca nadie le hizo una petición tienen que salir a permanecer 10 años de castigo fuera del país. No hay perdón. El hecho de que tengas un hijo nacido aquí no te impide ese castigo”. La abogada recomienda que el inmigrante indocumentado con hijos no salga del país y que se espere a la reforma migratoria, esa espera podría ayudar a solucionar miles de esos casos.

Si el indocumentado con hijos aquí es detenido por inmigración, puede recibir apoyo legal, no por el tiempo, sino por otros motivos. “Hay ciertos tipos de remedio como ‘cancelación de deportación’ que no es el tiempo solamente, tiene que probar tres requisitos: diez años de residencia continua, buen carácter moral y que los hijos, el padre o el esposo, residentes o ciudadanos, sufrirían extremada e inusualmente y ese sufrimiento por lo general tiene que ser en problemas graves de salud”.

La abogada cita constantemente la necesidad de que todo inmigrante indocumentado tenga su récord limpio, que evite una violación a las leyes para que puedan ser beneficiadas por la reforma migratoria que, se da como seguro, no querrá poner en el camino de la ciudadanía a personas que han violado la ley.

La abogada Marsal-Avila, reconoce que el hecho de haber vivido bajo la dictadura comunista y de haber tenido que emigrar por causas ajenas a su voluntad, le han facilitado su labor con los inmigrantes con quienes siente un compromiso no solo profesional, sino moral.

Tal vez es eso mismo lo que la ha llevado a envolverse directamente con la comunidad de La Villita adoptándola como propia, destacando en su trabajo en la Cámara de Comercio; ella misma inició en la parroquia de Santa Inés las actividades de las Girl Scouts, una misión que inició, después de que le dijeran que no tenían voluntarios que se hicieran cargo de su niña que pertenece ahora a un grupo de más de 10, con la abogada Marsal-Ávila al frente, llevándolas a instituciones, instalaciones y negocios que las menores no sabían que existieran o cómo operaban.

Nacida en 1960, vive felizmente casada con Alfredo Ávila, con quien ha procreado a Melisa, de 11 años de edad. La familia vive en La Villita.

 
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