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Publicado Viernes, Noviembre 27, 2009
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Hay un relato sobre un predicador que fue a un hospital psiquiátrico para visitar a los enfermos. Uno de los pacientes, en un momento de lucidez mental, le preguntó:
“¿Agradeció Ud. a Dios alguna vez por su intelecto?”, Ante esta pregunta, se sobresaltó y reflexionó: No, nunca le vino a la mente de agradecer a Dios por un don tan evidente. ¡Solo en un hospital, él entendió que el intelecto - es un magno don de Dios! El predicador prometió allí mismo al enfermo, y a sí mismo, agradecer a Dios cada día por su mente sana.
Este hecho, pone de relieve la particularidad de la relación humana con los bienes de la vida: los hombres se acostumbran a aceptar todo como algo debido, algo que corresponde. Muy raramente alguna persona agradece a su Creador, Quien siempre se preocupa por él y le envía sus innumerables bienes, tanto materiales, como espirituales.
En los momentos de pruebas muchos se desalienten y murmuran. Pero hay que entender, que el Señor a veces, permite que tengamos sinsabores y penas, no por su olvido o por castigarnos. ¡No!, Él lo permite como un remedio amargo, pero necesario, que nos cura del orgullo, vanidad, amor propio excesivo y otras fallas. Comprendiendo eso, el gran San Juan Crisóstomo, en el ocaso de sus días, decía: ¡“Gracias a Dios por todo, y en particular, por las aflicciones!”
El agradecimiento a Dios disipa la melancolía, aleja la tristeza, nos devuelve la energía y anima el espíritu. El agradecimiento a Dios se puede comparar con los rayos tibios del sol, penetrando al oscuro sótano de nuestra alma. Del contacto con el Sol Espiritual, el alma se entibia, el hombre se vuelve más bondadoso y preparado para amar.
Tratemos cada día de agradecer a nuestro Creador, esto servirá como un excelente remedio para nuestra alma.
El tres por uno de Dar Gracias
Estamos en la peor crisis económica que hemos visto en muchos años. Nuestra economía se está acercando cada vez mas a una recesión grande que está afectando a cada negocio y como resultado tal vez haya aún más desempleo.
Muchos estamos perdiendo nuestras casas, aunque hemos tratado de negociar una modificación de préstamo o de minimizar las perdidas del banco al hacer un “short sale”. Estamos viendo que nuestras cuentas de jubilación están perdiendo dinero.
Todos estos pensamientos están probablemente pasando por las mentes de mucha gente hoy en día (en parte por los titulares de las noticieros más populares). Por lo tanto si tenemos tantos problemas, ¿por qué deberíamos dar gracias?
Les diré por qué debemos dar gracias a Dios hoy, al igual que todos los días.
Doy gracias porque aunque perdí mi casa por la disminución de valores en el mercado inmobiliario, todavía tengo a mi familia junta; por esto doy gracias.
Compré una casa que no podía pagar y ahora estoy en foreclosure pero he aprendido de mis errores y ahora estoy mejor informado; por esto doy gracias.
Perdí a posibles compradores y vendedores por los problemas económicos de hoy pero todavía tengo el respeto y confianza de todos mis clientes; por esto doy gracias.
Perdí mi trabajo porque la economía está estancada pero todavía tengo mi salud para el siguiente trabajo; por esto doy gracias.
Me declaré en bancarrota por la cantidad de deudas que tenía pero ahora puedo dormir sin estrés sabiendo que puedo manejar mejor mi dinero; por esto doy gracias.
Todas estas cosas son lo que usted debería decir y pensar todos los días.
Hay muchas malas cosas que tal vez hayan pasado, pero también hay buenas cosas por las que nosotros deberíamos dar gracias.
Nos enfocamos tanto en las malas noticias que escuchamos o por nuestros problemas personales que no miramos las buenas cosas de la vida.
Un secreto para vivir una vida más feliz es utilizar lo que yo llamo “la regla del tres por uno”. Es fácil de seguir. Todo lo que debe hacer es pensar sobre tres buenas cosas en su vida por cada una mala situación o cosa que le pase. Si hace esto seguido, usted vivirá una vida más feliz y saludable. Así que póngase a pensar y dé gracias
Anónimo
Dar gracias, decir te quiero...
Aunque se empeñen algunos en negar la naturaleza de las cosas, los hombres y las mujeres no somos iguales y por tanto, la percepción que tenemos de la vida es distinta. Forma parte del éxito en el matrimonio entender esto.
Hoy pongo dos ejemplos que considero muy claros: no es lo mismo estar agradecido que dar gracias y no es lo mismo querer que decir te quiero. La mayoría de los varones considerarán que es suficiente estar agradecido y querer a la mujer. Sin embargo ellas afirmarán que no es suficiente sentir algo, hace falta expresarlo.
Muchos distanciamientos comienzan cuando no se sabe dar lo que el otro espera, la mayoría de las veces porque ni siquiera se sabe que lo espera. Yo me pregunto:¿Tan difícil es que los hombres digamos “gracias” y “te quiero”?. Si nos consta que a ellas les gusta que lo sintamos y que lo digamos ¿por qué dar las cosas por supuestas?.
Ya sé que se trata de cosas pequeñas, pero es que son precisamente las cosas menudas las que sostienen a las grandes.
Publicado por Aníbal Cuevas el 04/03/07
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