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Héroes y leyendas de la Revolución Mexicana

Publicado Viernes, Noviembre 19, 2010

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NSN.- Se cumplen 100 años de que un grupo de valientes iniciaron una lucha para transformar el sistema político y social creado por Porfirio Díaz, quien desde su llegada y después del mandato del presidente Benito Juárez, estuvo en el poder durante más de 30 años, manteniendo, según los historiadores, una dictadura sobre un pueblo en agonía, pero que pudo ver como único camino la toma de armas e iniciar las luchas y revueltas, iniciando así la Revolución Mexicana.

Qué no se ha dicho en el trascurso de este centenario de las luchas heroicas de los caudillos revolucionarios, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y de otros miles de hombres y mujeres, revolucionarios también y que no por no haber sido líderes merecen un respeto igual, sino es que más.

Como se ha escrito en cada aniversario de la Revolución Mexicana sobre los hechos históricos, las rutas de cada uno de ellos, las batallas, los triunfos, las derrotas, tenemos una breve reseña del acontecimiento. Sin embargo, hay hechos alrededor del movimiento que muy pocos conocen, como la cueva en donde Pancho Villa se escondió del ejercito de los Estados Unidos y otros sitios mas donde se llevaron a cabo actos importantes que ahora son museos preservando los actos revolucionarios.

En 1910, Porfirio Díaz Mori se reeligió por séptima vez, después de encarcelar al candidato opositor Francisco Madero, pero éste, al salir de una penitenciaría de San Luis Potosí hizo un llamado a la rebelión nacional, y fue seguido por líderes populares como Villa y Zapata, así, al verse acorralado, Porfirio Díaz renunció el 25 de mayo de 1911 y huyó al puerto de Veracruiz para embarcarse a Europa.

Victorioso, Madero restauró la Constitución de 1857, implantó el sufragio popular y prohibió la reelección, pero las masas campesinas clamaban por reformas económicas, y el jefe guerrillero del sur, Emiliano Zapata, propuso el Plan de Ayala, para distribuir tierras en propiedad a los campesinos, lo apoyó Pancho Villa desde el norte del país, mientras tanto, los sectores conservadores (hacendados, la Iglesia) apoyaron al ministro Victoriano Huerta, quien traicionó a Madero y lo mandó asesinar en 1913.

Después de dos años de caos político y social, a fines de 1915, tomó el poder el general Venustiano Carranza, quien en 1917 promulgó la Constitución de Querétaro, con la cual se implantaban importantes reformas: jornada laboral de 8 horas, la indemnización por accidentes de trabajo, la libertad de creencias y la reforma agraria.

En 1920, Carranza fue asesinado por los partidarios en la hacienda de Tlaxcaltelongo, aparentemente por partidarios del general Álvaro Obregón, quien poco después tomó el poder. Para muchos, la muerte de Carranza marca el fin de la Revolución Mexicana, sin embargo, los conatos de violencia continuaron hasta que en 1934 llegó al gobierno don Lázaro Cárdenas, e hizo realidad la reforma agraria y la expropiación de los yacimientos petroleros.

La cueva y otros datos...

Hablando de la cueva que sirvió de escondite a Villa, fue una cavidad tan famosa pero no fue localizada hasta hace algunas décadas, a pesar de su simbolismo y al personaje histórico que protegió. Miles de personas han estudiado a Villa desde todos los puntos de vista habidos y por haber, y es sorprendente que dicha cueva no estuviera registrada en los anales de la historia de su vida.

El 9 de marzo de 1916, Villa atacó el pequeño poblado de Columbus, Nuevo México, a unos cuantos kilómetros al norte de la frontera, su gente acabó con el poblado y mataron a 17 estadounidenses, una de las pocas veces que los Estados Unidos ha sido atacado en su propio territorio; como respuesta, el gobierno estadounidense envió a Chihuahua una fuerza de 10,000 hombres, al mando del general Pershing, con el fin de capturar a general mexicano, vivo o muerto, a su vez, Venustiano Carranza, entonces presidente de México, envió una fuerza igualmente numérica con el mismo propósito.

Cuando Villa venía en retirada, tuvo un encuentro con una partida carrancista, durante la cual una bala perdida le fracturó la tibia de la pierna derecha, la que se le infectó, con el fin de recuperarse, sanar y planear la mejor estrategia para salir avante ante los ejércitos que se le venían encima, Villa dispersó a sus hombres quedándose únicamente con dos de su más absoluta confianza, con quienes se ocultó en la cueva en la Sierra de Santa Ana, en la parte central de Chihuahua, a esta cavidad se le daba el nombre de “Cueva del Coscomate”, sus acompañantes eran Joaquín Álvarez y Bernabé Sifuentes, quienes en todo momento lo asistirían.

Hablando de lugares nuevamente existen algunos que por ser parte de la historia al registrarse el paso de los caudillos, o simplemente por los disparos que Villa realizaba en los restaurantes, como el ubicado en la calle de 5 de Mayo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el negocio que, hacia los años treinta del siglo XX, después de agregarse una barra, se convertiría en la famosa cantina “La Ópera”, en el techo de este lugar aún se pueden advertir los impactos de bala que, de acuerdo con la tradición, disparó Pancho Villa durante su visita al establecimiento en 1914.

En 1852 se inauguró, en la ciudad de Querétaro, el Teatro de la República, con el nombre de “Teatro Iturbide”, este edificio ha sido sede de importantes sucesos históricos, como el consejo de guerra que se formó para juzgar a Maximiliano y a los generales mexicanos Miramón y Mejía en junio de 1867, así como la promulgación de la Constitución Mexicana, por parte de Carranza, el 5 de febrero de 1917.

En el antiguo faro del Puerto de Veracruz (hoy convertido en el Museo de la Ciudad de Veracruz), se exhiben esculturas de personajes importantes de la época revolucionaria, así como algunos objetos personales y documentos que pertenecieron a Carranza, quien en esa ciudad asentó los poderes de su gobierno provisional, en 1914.

La famosa fotografía de Francisco Villa y Emiliano Zapata en el Palacio Nacional en su visita a la Ciudad de México, fue tomada por el fotógrafo Agustín Víctor Casasola, actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Fotografía en Pachuca, donde es posible admirar ésta y otras fotografías de Casasola, quien es reconocido por su labor pictográfica durante la Revolución Mexicana.

 
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