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Publicado Viernes, Febrero 3, 2006
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NSN. De Tototlán, Jalisco a Zacamistle, Veracruz, de ahí a Guadalajara y después al norte hasta llegar a las fundiciones de Gary, Indiana, “pero a mi padre no le gustó la fundición, porque él era comerciante”.
![]() Don Arturo Velasquez con una sinfonola de los cuarentas. |
Como causa de aquel ir y venir de los pueblos don Arturo Velásquez cita “la guerra de los cristeros, que fue muy violenta...” Eran en los trágicos años veintes de la historia de México.
Una vez establecidos en Gary, “mi padre se regresó sólo a México, nosotros nos quedamos”, pero aquella idea de quedarse caló hondo en la vida de la familia de inmigrantes que llegada la crisis económica de 1930 en los Estados Unidos por eso hicieron maletas para regresar a Guadalajara. “Si no fuera porque el carrito viejo en el que íbamos se volcó cerca de Albuquerque, ahí nos ofrecieron trabajo en la pizca del betabel y del jitomate”.
Don Arturo Velásquez, jefe hoy de un clan de emprendedores líderes de la comunidad mexicana, tenía entonces 8 años de edad. Asegura haber estudiado la primaria en 12 escuelas, pues la poca permanencia de su familia en los pueblos y ciudades por las que viajaban -tanto en México como en los Estados Unidos- no hacía posible su estabilidad escolar hasta que se graduó de una escuela primaria ubicada hoy en lo que es el barrio chino de Chicago que ya tenía aquel sello oriental.
Su mejor educación fue la que obtuvo en la ya desaparecida escuela primaria de la universidad de Notre Dame “en un año aprendí allí todo lo que necesitaba”...
Su voz es nítida, su dicción es clara, sus palabras bien pronunciadas, a sus 90 años no tiene que hacer ningún esfuerzo para hacerse entender y quienes hablan con él gozan el diálogo lleno de experiencias valiosas.
Fue en 1940 cuando vivía los primeros años con su negocio de las sinfonolas, rockolas o vitrolas, como también se les conoce. Cuenta cómo viajaba en tranvía con una pila de discos bajo el brazo para instalarlos en las sinfonolas que había distribuido, más tarde, “me compré un carrito Ford al que tuve que quitarle lo de atrás para echar la carga”.
Asía nació la empresa Velásquez Automatic Music con la cual don Arturo hizo una fortuna que lo estableció durante varias décadas como el latino más influyente de Chicago, al grado tal que el alcalde Richard J. Daley dispusiera de una oficina en el City Hall para que proporcionara los servicios que ya daba a sus paisanos voluntariamente desde los 50’s.
No había paga para él, sólo la satisfacción de ayudar a tramitar permisos o en casos con la policía. “Estuve ahí 25 años, tuve la fortuna de que el papá del que está ahora me tuviera buena fe”, dice don Arturo quien reconoce haber sido el canal de comunicación entre la comunidad hispana y el gobierno municipal.
Sobre la claridad de su español a pesar de radicar desde niño en las Estados Unidos nos dice: “para mí es igual que el inglés. Habla español con mi raza. Te puedo distinguir a la gente por su acento, te digo de qué parte de México son, por su forma de hablar”.
Los cambios en la industria
De su compañía nos comenta con tristeza: “hemos perdido un millón de dólares en los últimos tres años”, nos cuenta con preocupación de su negocio administrado por dos de sus cuatro hijos. Es que los tiempos cambian. Cada vez que sale una nueva modalidad en discos hay que cambiar de máquinas “tirarlas, destruirlas”.
A su edad, don Arturo sólo tiene problemas con la decadencia que ve venir en el uso de los discos compactos (CD’s) que usan miles de sinfonolas que su empresa tiene en bares, restaurantes y billares, ante la llegada del Internet la comercialización masiva del “ipod” que propicia la llegada de otras sinfonolas muy diferentes a las coloridas cajas multicolores de música, que como enormes piñatas adornaban y alegraban los bares en los 50’s y 60’s.
Después de los discos de 78 y 45 revoluciones, dos cambios de sinfonolas por “inservibles” y tras la llegada del CD, don Arturo mira las máquinas de su bodega que ya nunca volverán a ser tocadas pues que han sido echadas a un lado para dar paso a la sinfonola ultramoderna y digital “touch-tune” que contiene grabaciones, “bajadas” por la red cibernética. La máquina en forma de un gordo robot que muestra una pantalla de televisión, es la nueva sinfonola digital de las cuales Automatic Music ya ha distribuida decenas.
Don Arturo Velásquez Flores 1916.- Nació
en Tototlán, Jalisco |
El éxito en su vida como padre, como líder, como empresario, Don Arturo lo basa en el trabajo, pero pone en claro que el estudio es primordial en la vida. Por eso, tanto él como sus hijos han formado parte –y en unos casos, encabezado- tareas encaminadas a encausar a los latinos al estudio profesional.
Él mismo fungió durante 12 años como miembro de la junta de directores del sistema de los colegios municipales de Chicago, conocidos como City Colleges; su hijo, Arturo Velásquez Jr. fue electo en los 70’s miembro “trustee” de la junta directiva de la Universidad de Illinois; Carmen Velásquez integró la Junta de Directores de las Escuelas Públicas de Chicago. Él mismo aún forma parte, junto con su hija Carmen, de un esfuerzo para establecer becas para latinos que no tienen dinero para estudiar en los colegios de la ciudad.
Hoy, nos dice “aún hay mucha gente a la que hay que ayudar, especialmente a los padres de familia. La ayuda que daba el Sr. Velázquez personalmente “la hemos reducido a la mitad, porque el negocio está mal”. Sin embargo continúa formando parte de diferentes comités que trabajan en la creación de fondos, unos de varios cientos de miles de dólares, para la creación de becas; las familias pobres de la Parroquia Santa Cruz/Inmaculado Corazón de María encabezada por el Rev. Bruce Wellems, son beneficiadas por la obra de la Familia Velásquez con la ayuda de miles de dólares al año al fondo de becas de la parroquia.
Qué estamos haciendo mal los mexicanos de hoy, le preguntamos al Sr. Velásquez y sin una afán de crítica nos señala que con el estudio profesional de los hijos puede romperse el círculo vicioso de la pobreza. “El padre trabaja y como no es suficiente lo que gana, la madre también trabaja; entonces descuidan a los hijos”. Lamenta el que haya mucho esfuerzo por comprar televisiones y automóviles sin que se puede ahorrar para pagar los estudios de los hijos.
¿El secreto de longevidad de Arturo Velásquez, quien a los 90 tiene muy buen humor y una lucidez envidiable? No tomo, nunca he tomado y no fumo. Una vez, siendo adolescente jugaba béisbol y me dieron a masticar tabaco... al dar un batazo, y correr se me fue el tabaco al estómago, no aguantaba aquello...” nos dice sonriendo.

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