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Publicado Viernes, Agosto 5, 2005
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El fiscal federal en Illinois Patrick Fistgerald está haciendo su trabajo que es simple, aunque laborioso: hacer cumplir la ley; y cuando los sospechosos de haberla violado son poderosos funcionarios con el tácito apoyo del un alcalde o un gobernador, la mano de la justicia debe ser fuerte y determinante.
Con las pesquisas federales que están generando acusaciones y castigos de cárcel, se pone en evidencia un régimen que, a pesar de ser administrativa y políticamente efectivo, podría estar falseando la realidad de un gobierno que –y no falla la fórmula- debe ser por el pueblo, del pueblo y para el pueblo y ante esto no hay vuelta de hoja, se pide lo que debe darse, trabajo y honradez.
Quien juzgue con simpleza la situación de escándalo en la que está envuelto el régimen que encabeza Richard M. Daley podría opinar que la fiscalía federal exagera porque el gobierno municipal es justo, trabajador, honrado y, lo más importante, efectivo; pero si hay quien viola las leyes, hay alguien para castigarlo y no es una persona, es un sistema democrático basado en tres instituciones: la del que hace las leyes, la del que administra y la del que castiga al que las viole. No hay más.
Si defendemos el que Richard M. Daley ha sido bueno para Chicago, debemos defender también que las leyes pondrán a prueba tanto a él como a sus colaboradores, y si no hay delito qué perseguir, el régimen del alcalde continuará tan campante como ha estado en los últimos 16 años.
Pero que investiguen, que acusen, que castiguen; el sistema que aprobamos al vivir en una democracia, debe ser aplicado, así como se aplica a todo habitante que radica en esta gran Nación.
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