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Publicado Viernes, Febrero 4, 2005
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Reflexiones para cada día
Por Jaime Bedoya Martínez
jbedoya@nuevosiglonews.com
Si criamos un buen hijo, no sólo es la mejor obra de un buen padre, sino que será
un buen ciudadano, un buen esposo y un buen padre también._JOSÉ COLOMBIA
Un buen hijo no sólo es la mejor obra de algunos buenos padres, sino que es el producto de una buena formación y educación, que se genera principalmente en el hogar con una orientación cristiana y con el ejemplo, y que no se debe delegar esta gran responsabilidad a terceros, aparte de creer a pie juntillas que la escuela es la salvación y confiar sólo en ella para descargar las responsabilidades de ese gran deber que sólo atañe a los padres, sin saber que hay muchas escuelas que son verdaderas contra-escuelas, lo mismo que la calle, la televisión, el cine... y otras. Y por eso es muy importante estar muy alerta, con ojo y oído avisor, y tener muy en cuenta y estar muy pendiente de todas las actividades y comportamiento de los hijos.
Y lo anterior para afirmar que hay que temblar ante la venida de los hijos a este mundo de hoy, hecho un relajo, y sobre todo, con su crianza y educación que entrañan tantos cuidados, atenciones y tiempo, y cuando este último se mantiene en bancarrota y tan comprometido en empleos y en las preocupaciones del mundo exterior y de ganar solamente dinero, que le restan tiempo y calidad de vida y cuidados a sus hijos. Dinero que se invierte en lujos, en fantasías, cosas prosaicas... y en gastos compulsivos por falta de madurez y sabiduría, y que a la gran hora de la verdad se le están robando la felicidad, la atención y cuidado de los párvulos, cuando no los está lanzando a la drogadicción, perdición y desventuras.
Ya sabemos que darle al ser a los hijos es relativamente fácil y hasta divertido, y que a veces se trata sólo de un capricho o un calentamiento; pero lo difícil es darle una buena alma, un gran corazón y una linda conciencia, aparte de una buena crianza, formación y educación, porque ello requiere una gran consagración y abundancia de amor y de tiempo. Y también hoy conocemos por lo general que no basta adquirir títulos y ser muy prestigiosos, porque los hijos de algunos personajes muy nombrados y notables, suelen ser un desastre para la familia y la sociedad.
Por ello los sabios han dicho que no sólo los hijos son una pregunta que le hacemos al destino, sino al cuidado que le debemos con desvelos proporcionar, aparte de que el hijo es una gran incógnita, la incógnita de la responsabilidad de los padres y del hombre. Y por ello leemos en el Eclesiastés: “Más vale morir sin hijos que dejar hijos impíos”. Y el gran y divino Pitágoras, por ser uno de los iniciados, nos enseñó: “Cría a tu hijo como hijo de pobre, y lo enriquecerás; críalo como hijo de rico, y lo empobrecerás.”
Y criar a un hijo bien no sólo es enseñarle a valerse por sí mismo, sin cortarle las alas; sino enseñarle a que aumente su auto estima y que ame a su prójimo como a su hermano, porque eso es no sólo amarse uno a sí mismo, sino a Dios que nos ha dado esta existencia tan maravillosa. Y si le educamos el corazón y la conciencia, hemos dado un gran paso, puesto que el corazón y la conciencia, son más sabios que el intelecto y los libros.
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