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Publicado Viernes, Octubre 30, 2009
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Hay personas que le tienen pavor a la senectud, porque no saben que el que no ha desperdiciado la vida ha aprendido a crecer; porque es un camino y un designio que a muchos les corresponde ineludiblemente vivir; porque en la vejez hay deleites y paraísos superio-res a los de la juventud, si se ha preparado cons-cientemente; porque desconocen que el arte de vivir consiste en cuidar la salud y escalar las altas cumbres de la vida.
Y porque la vejez, si no fuera por las falsas civilizaciones, los malos gobiernos y la egoísta sociedad..., podría obtener el esplendor de la gloria y el rosicler de la longevidad, pero a la vejez la han considerado como una enfermedad, como un gran estorbo. No olvides que sólo los sabios llegan a viejos y que sólo los viejos pueden ser sabios. Y que la senectud es pariente del júbilo y un lindo regalo de la Creación, un verdadero milagro, puesto que para llegar a la gloriosa edad de la ancianidad se han tenido que sortear incontables contingencias; innumerables calamidades como las pestes, las guerras, los sismos, la violencia, los descuidos y todos los peligros conocidos y por conocer. Sólo podrás temerle a una vejez prematura, que es causa de una dilapidación de la vida. Y témele solo a una senectud de tu alma, a una vejez de tu corazón y a una esterilidad senil de tus sentimientos; y además, nada debe preocuparte, porque todos, absolutamente todos, si el alma es chiquita y carente de espiritualidad, siempre llevará a cuestas la toxina de la senectud, que puede matarle prematuramente.
Sí alguien me preguntara que voy a hacer cuando esté viejo ? Yo le respondería con el derecho que me otorga mis setenta y dos primaveras, mi humilde experiencia y con la seguridad que me da la elevación de mi espíritu, que ha sido a la vez una consciente preparación para la época más productiva y jubilosa del ser humano, en términos cívicos, sociales, políticos y espirituales.
Porque desde joven se debe aprender a dar prioridad a las cosas importantes, puesto que la mayoría de los necios y estultos dan prelación a las cosas bala-díes, a los placeres mundanos, a la indolencia y a la pereza para cultivarse adecuadamente como ente inmortal.
Cuántos afanes para dilapidar la juventud y cuánta negligencia para prepararse para una jubilosa vejez, sin imaginar que la senectud es una corona de honor y de gloria cuando se ha sabido transitar por los caminos del bien, del honor, de la generosidad y de la espiritualidad y siempre en vía recta y con la esperanza de la vida eterna. Y un bello anciano es la obra maestra de Dios, cuando Alah persiste dentro de él.
La vejez no sólo es el tiempo de practicar la sabiduría, sino que es el mejor momento para el reposo espiritual y para mirar la vida con mayor agudeza y tranquilidad. Los viejos no sólo están en edad de aprender, sino que están en la obligación de hacerlo.
La vida es un continuo estudio y hay que procurar ser un alumno aventajado para sacarle el mayor provecho a la vida y al destino. Los que en realidad aman y comprenden la vida no son todos los que están envejeciendo, sino los que están madurando y encontrándose a sí mismo. Ya sabemos que la juventud es una locura, la madurez una gran lucha, y la vejez, que no existe para espíritus y corazones jóvenes, es un pozo de sabiduría. Y los que en realidad aman la vida, son aquellas personas sensatas que procuran mantenerse jóvenes y en plena actividad.
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