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Nacimos para ser y no para subsistir estupidamente

Publicado Domingo, Junio 19, 2005

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Jaime Bedoya

Somos víctimas de una instrucción industriali zada en la que tienen matriculados a todos los padres de familias arribistas, que quieren que sus hijos sean doctores y pertenezcan al estrato social más alto y sólo fantasioso, estratos que se vuelven insensibles e indiferentes con sus conciudadanos postrados en una aberrante injusticia social, gajes de la cual gozan nuestras inmaculadas democracias, y en una postración total, casi imposible de redimir, gracias al egoísmo y a la ignorancia crasa, que no han aprendido el verdadero valor de ser una persona íntegra y mucho menos un buen ciudadano en camino de su realización personal mediante el cumplimiento de metas y de grandes ideales elevados.

No tenemos propósitos elevados de una consciente vida y nos comportamos como unos miserables frente a la fantasía de la acumulación de bienes y dinero, y en últimas no saben para que sirven, puesto que acumulan por acumular y aparentar o estar a la categoría de otros, riquezas que mal utilizadas se convierten en antisociales y en estorbos muchas veces. Y he conocido a muchos de ellos en sus horas finales, tratando de hacer maratónicamente su generosidad que nunca tuvieron... y cuando apenas se dieron cuenta que habían vivido estúpidamente en vano.

Tener conciencia de la propia ignorancia es un gran paso hacia el conocimiento ha dicho con gran sabi duría el filósofo griego Diógenes, que como sabio llegó a la más absoluta simplicidad hasta sentirse feliz y satisfecho viviendo en un tonel pero que le causó admiración al emperador Alejandro que le ofreció concederle cualquier deseo que el le pidiera, y la respuesta que le dio fue: Quítese del frente para que no me tape el sol.

Si algún día reflexionáramos y comprendiéramos que la ignorancia que padecemos en estos tiempos de civilizaciones suicidas, de civilizaciones castradoras de la inteligencia, de la mente, del espíritu, de la verdadera vida del hombre… por el paso por este puerto o por esta galaxia severamente contaminada y monopolizada por los nuevos Atilas disfrazados de corderos, de prójimos cultos e inteligentes y miembros principales de una sociedad ignorante elitista que subyuga y oprime a la otra si importante y gran sociedad porque es la que realmente trabaja, pero que es vapuleada inmisericordemente.

Si alguna vez nos diésemos cuenta que nuestra ignorancia es supina, inconmensurable… no obstante haber sido barnizados por escuelas, colegios, universid des, postgrados… Si supiésemos que somos analfabetas de la vida, de nuestro verdadero destino, de las vidas y mundos superiores que nos esperan y que tenemos contaminada la mente, el espíritu, el alma y hasta el corazón de piedra que lo mantenemos cargado de lama.

Si aprendiéramos que a este mundo vinimos a alfabetizar la conciencia, el corazón, la bondad, la sensibilidad, el amor, el desprendimiento, el altruismo, la filantropía, la xenofilia, la verdad, el miedo, la ignorancia, los pecados capitales…, y sobre todo, el espíritu y el alma, que son la única manera de hacernos eternos, y verdaderamente sabios e inmortales, como infinitos habitantes del macro cosmos que somos. Y como si apenas nacimos para alfabetizar la clase social, la estulta riqueza y las enajen aciones y fantasías de este mundo. Y sin saber que hemos nacido para SER y no sólo para subsistir estúpidamente como la inmensa mayoría lo hace.

 
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