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Publicado Viernes, Noviembre 13, 2009
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La tenacidad no debe ser una obstinación, sino una virtud por excelencia._José Colombia
Vive la vida como un deber, y no como un desperdicio; y siembra en tu espíritu un ideal elevado y esforzado y no una obsesión rastrera, mezquina, por la que te desvives y pierdes del camino. Y no olvides, que el espíritu esforzado y profundo, es aquel que sabe alcanzar lo grande y lo pequeño, lo sencillo y lo humilde, lo inconmensurable y eterno, y lo espiritual y etéreo. Y sobre todo, no desperdicies los esfuerzos, la imaginación y el espíritu, que son las alas que tene-mos para volar a las inmensidades del infinito y a tu microcosmos interior. Y haz lo que dice la sabiduría: un esfuerzo más y lo que iba a ser un fracaso, se puede convertir en un éxito rotundo.
La tenacidad es la salvación. Y una vida inútil... equivale a una siembra vana y a una muerte prematura...!
La tenacidad, es la escalera del triunfo, la palanca del espíritu, la gota de agua que perfora la piedra, el vigor del alma... y la dignidad de nuestro ímpetu. Sin tenacidad, no se llega a ninguna parte, se mata a la esperanza del triunfo, a la panacea del futuro... y a la virtud de la constancia. La tenacidad es la clave del éxito. Ningún éxito que no se haya logrado a base de esfuerzos y tenacidad, saborea el esplendor de la gloria, ni es meritorio.
La tenacidad es la escalera del esfuerzo y de la lucha que nos conducirá al triunfo si no nos saltamos los peldaños y no desmayamos en los primeros inconvenientes y obstáculos. La mejor manera de asumir la tenacidad es llegar a la meta sin dejarse vencer por los desmayos y obstáculos, y sin olvidar que la principal meta dura toda la vida. Todo esfuerzo de un hombre es el resultado de la tenacidad, la tenacidad es la gota de agua que taladra la piedra o sale al otro lado del túnel. La vida del hombre de verdad está hecha de etapas y de metas escalonadas, ya que una etapa o meta cumplida, impone otras. La tenacidad debe tener como meta principal la plena realización del hombre en cualquiera de los campos que se imponga profesional, humano, social, pero sobre todo en el campo espiritual que lo conducirá al supremo destino de cada ser humano. Ningún éxito o triunfo permite la interrupción de la tenacidad ante la magnificencia de nuestro supremo destino.
Y sigue el consejo del poeta Alma Fuerte: “No te des por vencido, ni aun vencido./ No te sientas esclavo, ni aun esclavo./ Trémulo de pavor, piénsate bravo.../ y arremete feroz, incluso mal herido./ Ten el tesón del clavo enmohecido, / que ya viejo y ruin... vuelve a ser clavo,/ no la cobarde intrepidez del pavo... / que arruina su plumaje al primer ruido.” O como afirmara Ruyard Kipling: “Si puedes con el triunfo y el desastre, y tratar de la misma manera a estos dos impostores.
Si puedes aguantar que la verdad por ti expuesta la veas retorcida por los pícaros para convertirla en lazo de los tontos o contemplar que las cosas a la que le diste tu vida se han deshecho, y agacharte y construirlas de nuevo aunque sea con gastados elementos. Si eres capaz de juntar en un solo haz todos tus triunfos, y arriesgarlos a cara y cruz en una sola vuelta, y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste y nunca más anhelar una palabra sobre la pérdida sufrida. Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios a que te obedezcan aun después de haber desfallecido, y así se mantenga hasta que en ti no haya otra cosa que la voluntad gritando: Persistid es la orden !”
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