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Posted Tuesday, December 7, 2004
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Reflexiones para cada día
Por Jaime Bedoya Martínez
jbedoya@nuevosiglonews.com
La mayor ignorancia es no esforzarse por ser alguien, cuando podría ser, si lo quisiera..., una persona excepcional. Sin embargo, hay muchos que se esfuerzan en aparentar lo que no son, cuando les sería más fácil, y más honesto de su parte, esforzarse verdaderamente por ser alguien, aparte de una persona de bien, porque las solas apariencias engañan y ridiculizan al necio que, con pompas y vanidades quiere aparentar lo que no es... Y no olvidemos lo que afirmara tan elocuentemente Crawford H. Greenewualt: "Algunos hombres son excepcionales en un grado superlativo, otros en uno menor. Pero el más excepcional de todos es quizás el hombre corriente cuyos progresos superan todo lo que cabría esperar de sus circunstancias."
Recordemos, que todos hemos partido de cero, y en grado sumo lo poco o mucho que somos..., se lo debemos a los padres, a la clase social, a la educación... y principalmente, a nuestro propio esfuerzo e interés. Y de aquí en adelante todo dependerá de cada uno, quedarse en el nivel más ínfimo o escalar todos los peldaños necesarios para derrotar la ignorancia, porque nadie nació aprendido y la vida es una escuela que no tiene fin, pero que hay que saber aprovechar muy bien, sin olvidar que el bien que las personas pueden realizar no puede ser otra cosa que la suma de sus acciones individuales, sin que podamos olvidar que el genio __como afirmara John Adams, ex presidente de los Estados Unidos __ es conferido "peligrosamente" por la naturaleza a un individuo.
Todos tenemos talentos dormidos y nuestro mayor deber es despertarlos y ponerlos al servicio de la humanidad a la que nos debemos por entero. Es un reto que todo hombre con algún carácter viril, orgullo y dignidad debe imponerse, aparte de que no se puede desperdiciar una preciosa existencia humana que vale un Potosí... en bagatelas y ridiculeces que constantemente lo vituperan a él mismo y lo hacen el hazme reír de todo el mundo.
La vida humana es tan valiosa, que ni todos los tesoros de las Indias alcanzan a pagarla. Pero la utilizamos tan mal y la desperdiciamos tan irresponsablemente, que la convertimos en miseria, cuando no en un guiñapo ahogado y embrutecido por el licor y otros muchos alucinógenos, aparte que nos llevan como bueyes al paroxismo de los espectáculos públicos manipulados por el mercan tilismo y azuzados por los interlocutores gananciosos en río de pescadores como la radio, la prensa, la televisión, el perifoneo... hasta convertirnos en enajenados y hasta en unos energúmenos intolerantes, maleducados y hasta peligrosos, que nos llevan hasta el infarto, la trifulca... y el crimen por el gran desequilibrio emocional, de pueblos hambrientos, empobrecidos y sin empleos... que quieren vivir como ricos siendo paupérrimos y continuamente más pauperizados.
La ignorancia no es tanta en los que apenas son alfabetas, se da a todos los niveles, porque no hemos aprendido a derrotar la estupidez, sinónimo de ignorancia... ni el ego, la vanidad, las apariencias... que constituyen el summun de la idiotez o la más crasa de todas las necedades humanas. Cuantos presidentes, ministros, magistrados, jurisconsultos, literatos, eruditos y altos ejecutivos no se han desplomado como ídolos de barro y siguen tan campantes y orgullosos con su mediocridad que causa hilaridad en el entendimiento del sabio.
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