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Posted Friday, January 20, 2006
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Una vez de haber logrado lo que en cantidad tan pírrica se nos dio, no hay más que seguir adelante, eliminando los obstáculos que hicieron que sólo unos cuantos miles se inscribieran para votar en las elecciones del 2 de julio; todavía falta que regresen las boletas con el voto de su candidato preferido, una cantidad aún más baja de participantes reales, falla política y social de la cual hay que señalar a los culpables.
Quienes de una forma –unos más, otros menos- logramos que el voto se hiciera posible, tenemos varios años para identificar las fallas y sus causantes y al mismo tiempo enaltecer la importancia del voto y el hecho histórico de que, por primera vez, los mexicanos puedan ejercer una facultad ciudadana, humana en el vecino país.
Lo primero que hay que hacer es desbaratar el argumento de que “el voto resulta muy caro”, idea promovida por quienes no conocen el trabajo de la comunidad inmigrante, sus logros y sus aportes a su país de origen; el voto es un asunto de dignidad humana y la dignidad no tiene precio. Es una aberración el creer que, porque cuesta miles de dólares, se les vaya a negar a quienes constituyen uno de los canales económicos más fuertes de México.
Varias de las cosas importantes en las que hay que trabajar se encuentran en la legislatura mexicana; en el senado de la República surgió y se hizo ley el que no se pudieran otorgar credenciales de elector en el extranjero. En los consulados pueden obtenerse las matriculas consulares tan útiles paran lo inmigrantes que al regresar a su país casi no las pueden utilizar como forma de identificación; ¿no sería bueno que aquí se sacara una tarjeta de identidad como la credencial de elector, que es el instrumento común de identificación?. Una vez más, en esto de los servicios al mexicano que emigra, se cometen graves contradicciones.
La no reelección de los legisladores federales es una traba para los inmigrantes, ¿cómo legislar sobre una materia que se empieza a conocer, llevar un proyecto de ley del comité, subcomité y elevarla al pleno y de ahí subirla al senado con legisladores que una vez que ingresan a la Cámara ya estén pensando en el plazo que les queda para dejar el puesto?
La falta de experiencia en la materia y en los oficios legislativos, ha sido la causa que hasta Chicago lleguen legisladores que no conocen la problemática de los inmigrantes y si la conocen porque son hijos de inmigrantes y son de un pueblo o ciudad muy afectada por la fuga de brazos hacia los Estados Unidos, sólo los vemos una vez.
No por nada, muchos fueron los senadores y diputados que al hablar en diferentes eventos públicos en Chicago no tenían el empacho de decir “vengo a aprender”.
Como inmigrantes, no tenemos límite de tiempo, ni períodos; la lección está aprendida; ya podemos votar, pero falta mucho trabajo para que el proceso mejore y se agilice por el bien de una participación más amplia.
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